un mundo de dolor

Un mundo de dolor

Por Bernardo Stinco

El 29 de marzo de 2021 se conoció su muerte. Las primeras informaciones hablaban de un «accidente doméstico» que más tarde fue traducido como una hipertrofia cardíaca que terminó con él rodando por las escaleras. Filoso y políticamente incorrecto, Busqued dejó dos libros y una eléctrica cuenta de Twitter que ahora es un Bot. «Qué sé yo qué quiero, estoy a los machetazos en la selva de la neurosis», publicó el algoritmo hace un par de meses. Ber Stinco volvió a sus textos, se metió en las obras y en un viejo blog abandonado; además exploró ese circuito cerrado de autopublicaciones que cada tanto se activa en el conventillo tuitero, y escribió esta reseña.

Carlos Busqued estuvo lidiando con el mundo toda su vida, por eso cuando en 2008 le llegó la notificación del mismísimo Jorge Herralde, fundador y director de Editorial Anagrama, con la noticia de que su novela estaba entre las finalistas del premio y que, aunque no lo había ganado, le había gustado tanto que había decidido publicarla, Busqued sintió que el mensaje venía de otro mundo. No del suyo, sino de uno donde las cosas estaban bien.

A días de su fallecimiento, su amigo Sergio Mansur figuró el particular perfil de Busqued compartiendo algunas de sus aficiones en las columnas del diario Hoy día Córdoba: «coleccionista de comics bizarros; amante de los pasajes más truculentos de la segunda Guerra Mundial y ensamblador de maquetas de aviones; defensor de la pornografía como espacio de inmunidad; adepto a desviaciones y rarezas de la naturaleza (…) Esta enumeración constituye sólo una parte del personaje, bastante parecido a él y fundamentalmente hecho de palabra escrita y relatos».

Los datos duros dicen que Carlos Sebastián Busqued nació en Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco) en 1970 («Me costaría contarte momentos felices de chico que no sean estar leyendo y estar solo») y que dejó este mundo de dolor en Buenos Aires, el 29 de marzo de 2021. En el medio vivió 25 años en Córdoba, donde se recibió de ingeniero metalúrgico y se cagó de odio como un culiado teniendo que soportar la opresora cultura hegemónica de la docta. «Si tenés un poco de sensibilidad Córdoba te aplasta», dijo en una entrevista. En sus tuits, Carlos solía renegar del cuarteto y del multimedio Cadena 3 —este último, tal vez la punta del iceberg de aquel 70% del voto amarillo en la provincia mediterránea—. Pero su paso por Córdoba también tuvo cosas buenas, una cofradía de amigos («El circulo de la serpiente»), los primeros acercamientos a la escritura y su trabajo como productor radial en los programas El otoño en Pekín, Vidas Ejemplares y Prisionero del Planeta Infierno, además de haber colaborado en la revista El Ojo con Dientes

En 2007 se mudó a Buenos Aires donde residió hasta su muerte. Busqued trabajaba en la Universidad Tecnológica Nacional y además dos veces al mes viajaba a Córdoba a dar clases. Escribió dos libros, Bajo este sol tremendo (2009) y Magnetizado (2018), y participó en el último número de la mítica revista Cerdos y Peces, medalla que se colgó con orgullo, ya que era un admirador de la revista y de su creador, Enrique Symns.

«Todos somos nuestro propio libro explicativo de por qué salieron mal las cosas», escribió Carlos Busqued en Twitter el último 22 de marzo. 

Bajo este sol tremendo 

Su única novela está ambientada en un pueblo chaqueño ficcional, mezcla de dos pueblos reales: «Lapachito» es una de esas poblaciones abandonadas donde lo único constante es la sordidez y el calor. «Chaco es un lugar muy concreto, vos te tenés que poner mucho las pilas porque si te caés ahí a los dos meses están los huesos», comentó el autor mientras mostraba la calavera de un mono carayá que adornaba su biblioteca en una entrevista que está disponible en YouTube. 

La prosa de Busqued es escueta, parca, concisa. Se da maña para ir amasando suspenso, la escritura está al servicio de sus bestias. Personajes un tanto anestesiados por la marihuana y el alcohol, aunque más que eso dan la impresión de alejarse del mundo como reflejo de supervivencia. Busqued dijo que trazó una línea y descartó todo lo que no hacía al texto monolítico. Repetía mucho ese concepto: «monolítico». Sí, el ingeniero que construía monolitos. Nada sobra en la literatura de Busqued, nada es ornamental. Si sacás una palabra se te cae la oración al piso. 

En Bajo este sol… son varias capas. Mientras se transita la historia principal, solapada pero en el mismo tono, se cruza una meticulosa analogía simbólica representada en la ferocidad del mundo animal; insectos, elefantes, calamares gigantes. También hay humor, mucho humor y metáforas dosificadas que redondean a esa salvaje criatura que forjó Busqued y conquistó a Herralde.

En los años siguientes, la novela fue traducida al alemán, al francés, al italiano y al inglés. En 2017 Adrián Caetano llevó su adaptación a la pantalla grande, en El otro hermano. A Busqued la película no le gustó, incluso dijo que tardó un buen tiempo en verla.

Magnetizado 

Es septiembre de 1982. Ricardo Melogno es un joven de veinte años recién salido del servicio militar y acaba de cometer una seguidilla asesinatos: cuatro taxistas en una semana, todos en la misma zona. «Esto es matar por matar», la operatoria de los cuatro crímenes fue calcada. Ricardo se tomaba un taxi, en un momento pedía que se detuviera y disparaba su pistola calibre 22 cerca de la sien del chofer. Después se fumaba un pucho acompañando al moribundo. No le interesaba la plata, se llevaba la documentación y solo en un caso se llevó unos pesos. De ahí se iba a comer a un bar de taxistas, también por esa zona de Mataderos. El caso tuvo en vilo a la policía y los medios pero solo un tiempo —dijo el autor—, ya que entonces se vivían los últimos coletazos de la dictadura y se empezaban a conocer crímenes incluso más macabros que los de Melogno.

La muerte siempre estuvo en la obra y en las intervenciones públicas de Busqued, en sus tuits, en su blog. Es que ¿acaso hay tema más importante que ese?

En Magnetizado, Busqued desaparece y más que una crónica escrita parece planteado como un documental audiovisual. Herzog dice que el cine documental debe desasociarse del periodismo. Busqued en su libro parece seguir y conseguir esa máxima. Me refiero a la categoría de «periodismo policial», que desde el vamos se para en una orilla y desde ahí señala con el dedo de manera tendenciosa. Es decir, el encuentro con el otro siempre está mediado por alguien que es normal y todo el tiempo está diciendo que él es normal y el otro es un monstruo. A propósito de esto, Enrique Symns solía decir «Fijate si tomará partido el periodismo que tiene una sección que se llama policiales»

Este no es un dato menor en la obra de Busqued, es un factor homogenizante que recorre sus dos libros. De alguna manera lo que se reitera en la obra de Busqued es que no hay monstruo. Que ser o no ser el monstruo es una cuestión de perspectiva, de encuadre, de sistema. Porque mientras haya un monstruo para señalar nos quedaremos tranquilos, pues el monstruo no seremos nosotros. Porque acá pareciera que la patria, como el monstruo, siempre es el otro. 

En Magnetizado, el trabajo de investigación es exhaustivo. Reconstruye el caso a partir de más de noventa horas de entrevistas, recortes de diarios de época, documentos forenses y testimonios de psiquiatras. La clave de la segunda y última obra de Busqued es el montaje, en el cual lleva adelante una apuesta estética muy bien lograda, buscando el efecto de arrancar de cuajo la subjetividad. Por tramos lo logra y la voz del cronista desaparece por completo.  

Foto: Sebastian Lidijover

El Busqued de Twitter 

«Aguante fingir la propia muerte», tuiteó el 16 de enero de este año desde su cuenta Un mundo de dolor @carlosbusqued. 

Después de su fallecimiento armaron Un mundo de dolor bot @perdondm, que hace parecer que Busqued sigue tuiteando desde ultratumba. Sus comentarios tienen la capacidad de actualizarse automáticamente en cada relectura, con cada retuit. En ese antro, el más lúgubre de las redes sociales, el ingenio corrosivo y nihilista de Carlitos parece no tener fecha de caducidad. 

«Twitter es la interacción social que puedo sostener: la corto cuando quiero y me voy a dormir».

En la decena de entrevistas que podemos ver de Busqued en YouTube se advierte cómo su voz profunda y su aspecto gigantesco —tal vez en la línea de Laiseca— contrastan con su risa infantil y esas remeras con frases de corte humorístico.

Si nos vamos más atrás en el tiempo, no podemos obviar la memoria de su blog personal, sito en http://borderlinecarlito.blogspot.com/ y abandonado por el autor el 17 de diciembre de 2016, aunque aún sigue ahí, iluminándonos con su luz de estrella muerta. En Borderline Carlito están sus obsesiones y algunos experimentos mezclados con reflexiones a modo de diario de aquellos años.

Busqued fue un hijo de la clase laburante de la argentina profunda que conoció y sintió en carne propia «Esa sensación de estar siempre en el reculo del mundo». Además, venía de otro palo por lo que nunca fue parte de los esos guetos aduladores de aura palermitana tan propios de los talleres literarios. Busqued dejaba en claro que odiaba esas «mariconadas» de sobarse el lomo y festejarse los delirios de grandeza mutuamente. Tampoco tuvo un respaldo familiar que le auspiciara el berretín y ni siquiera ligó el típico puestito por contactos. Nada lo condicionaba y así andaba sin careta por la vida, apuntando y disparando con ese gatillo fácil que nos da Twitter.

«Sin cine nacional creció el aburrimiento de hijos de sojeros que se dedicaban a ese hobby».

En el medio se comió una cancelación, ese cover siglo XXI y bajas calorías del escrache fascista que implementaban los seguidores de Mussolini. 

Omar Genovese dedicó un artículo en Diario Perfil titulado «Carlos Busqued ¿en qué quedó la causa por abuso sexual?».

Las imputaciones quedaron en la nada. El Dr. Bernardo Beccar Varela, su abogado, facilitó la documentación a los medios, acreditando el estado de la denuncia tanto en el ámbito de la Justicia Civil como en la Penal. Aclaró Beccar Varela que, al momento de la denuncia, a la supuesta víctima se le ofreció de manera explícita ejercer la instancia en el ámbito penal (presentarse para que se lleve adelante el proceso penal), ante lo cual manifestó no querer hacerlo y esto consta en los archivos.

En síntesis, la denunciante nunca se presentó mientras que Busqued compareció en ambas causas, poniéndose a disposición de la justicia para acreditar que los hechos denunciados no ocurrieron de la forma en que fueron relatados en la presentación ante la Oficina de Violencia Doméstica. Más tarde, el trámite civil se archivó luego de declararse el desistimiento (motivado por la falta de comparecencia de la denunciante a las citaciones que le hizo el Equipo Técnico del juzgado). Finalmente, la causa penal se archivó porque la misma denunciante no instó la acción penal.

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«La música linda siempre parece hablar o venir de un mundo que no es este».

Sun ra, heavy metal, Zappa, dicen que últimamente andaba en un proyecto novelado sobre Nimrod de Rosario y el esoterismo hiperbóreo. No pudo ser. Él decía que escribía para que la gente lo disculpe: «entiendo que soy bastante pelotudo». 

Carlos Busqued nos dejó una obra tan breve como sólida, con él se fue una forma de habitar la literatura. Más allá de sus sentencias, tan filosas como risueñas, y de esa deliberada construcción de personaje que tanto disfrutamos, fue dueño de una sensibilidad y un talento particular, macerados con lucidez e introspección, y ese radar corrido que detectaba joyas en este barro de mediocridad. No es poco. Busqued ya dejó este mundo de dolor: ojalá haya llegado al cielo media hora antes de que el Diablo se avivase de que había muerto.

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Bernardo Stinco
Bernardo Stinco nació en La Carlota, provincia de Córdoba en 1982. Es músico y escritor. Editó los discos “Postales de mi ciudad invisible” (2008), «Todos somos el conurbano de alguien» (EP 2013), «Los fusibles quemados del amor» (2014), «Venado Tuerto» (EP 2015), «La campaña del desierto» (2018) y «La insubordinación fundate» (2021). Además, publicó los libros «Los jardines espaciales» (Casagrande Editorial), «Por tu culpa más que un loco» (Casagrande Editorial); y colabora con textos en diferentes portales de la web.
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