Los pibes sin calma

Por Andrés Mainardi y Blas Solé

1997. Un recital que no fue. Solari habla frente a decenas de micrófonos en la única conferencia de prensa de la historia de Los Redondos y dice «en lugar de bajarles líneas a los chicos es mejor escucharlos, porque en sus nervios hay más información del futuro que la que tipos de nuestra edad puedan tener para aconsejarles». Pasaron más de veinte años, el rock perdió algo de terreno, pero los nervios siguen tirando data del futuro, aunque en otros registros musicales. Andrés Mainardi y Blás Solé salieron a recorrer la ciudad para descifrarlos y escribir acerca de ese universo multiforme llamado trap que revienta prejuicios, horizontes y listas de reproducción.

30 de abril 2021 – 18 horas

Hay un cortado que se camufla entre libros apilados prolijamente y un paquete de tabaco sobre una mesa que da a una de las ventanas del bar Lido. En la mesa de al lado, un vaso, dos porrones de litro vacíos y un tipo que mira a la nada con los ojos cargados. Hoy no es uno de esos viernes. Un café doble, por favor, un cortado para mí, en jarrita, sí, gracias.

Uno habla mirando por la ventana, el otro responde mientras anota en la libreta con la mano electrificada: la idea ya está sobre la mesa. Como punto de partida, hay que definir qué es el trap. Uno dicta, el otro escribe, y las ideas se van acomodando en una lista:

• Originalmente: el nombre que se les ponía a las casas de venta de estupefacientes de los jóvenes racializados de Estados Unidos.

• Sonoramente: el nombre que se le puso a un estilo musical que se escuchaba en estas casas, marcado por la impronta de la Roland TR8 y el auto-Tune.

• Conceptualmente: un fenómeno de hibridación de este mundo globalizado con la singularidad que propone cada artista.

• Socialmente: un contexto social y una cierta actitud ante ese contexto.

• Mediáticamente: el nombre que se le pone a cualquier expresión urbana, desde Duki en adelante, diciéndole trap a todo lo que suena a urbano.

• Para nosotros: un Frankenstein que queremos mirar de cerca.

En 2016, Duki colgaba en YouTube «No vendo Trap»: «yo no estoy trap, no vendo drugs, / yo no estoy trap, no nací en Detroit […] El que habla de trampa, en la trampa cayó». Su máximo exponente lo advierte desde el comienzo: esto no es trap. Son acaso el paso del tiempo, las transformaciones culturales y la posterior absorción del mercado las que permitieron asumir al trap como un género musical en sí, ya no necesariamente relacionado con un modo de vida particular: ¿Qué es el trap si su mayor referente dice que no es él quién lo vende?

30 de abril – 21 horas

La rutina es una marea imparable que te levanta desde su nacimiento y te deposita sobre el viernes sin darte cuenta. Dejamos una luz tenue, conectamos el parlante, ponemos una playlist con lo que nos gusta. Parece que ahí está la clave: hay que correr el arco y empezar por lo que más cerca tenemos. Ojalá los lectores hagan lo mismo.

«Soñando Ferrari a ciento veinte y Balenciaga aunque están rotas las Nike. / Working harder, better, en mi sueño era más fácil, igual lo estoy disfrutando».

La escena se completa con un tono de voz suave y relajado, el auto-tune es un instrumento más. Esto se suma a una modulación casi al pasar que permite imaginar a un pibe desinteresado, con un trago en una mano y un micrófono en la otra mirando al público de reojo. Es ese combo completo el que te impide, tal vez, convertirte en la estrella del karaoke con sus canciones, pero son sus estribos pegadizos los que te permiten ser el centro de la fiesta un martes mientras vas al almacén a comprar una coca.

catriel y fasciolo

Con el vino descorchado sobre la mesa, el olor del queso de la pizza saliendo del horno y el humo que flota en el aire, la estrategia cambia de rumbo, el que dicta es uno y el que escribe es otro, lo que suena es «Patio», de Nasir Catriel, y las ideas empiezan a fluir sobre su ritmo. Suena el teléfono.

—¿Catriel, de dónde salió la generación que hace tu música?

—La mayoría de la gente de mi generación llegó al rap por el lado de MTV, MuchMusic, el mainstream, eso que nos mostraron. A Eminem lo conocí por 8 millas, a Cypress Hill lo vi en Los Simpsons. En el 2013 encontré la batalla de Dtoke contra Stigma en la RedBull Internacional en YouTube y me voló el cráneo. En ese video sentí muchísima energía, esto te hablo justo dos o tres años antes de que explote el Quinto Escalón.

Entre la vanguardia de YouTube y la retaguardia de la televisión, aparecen las mutaciones simbólicas propias de un cambio de milenio. Ya casi no hay parlantes sin pantallas y las calles de Detroit están en todos lados. Hijos del encuentro de las culturas en un mundo aceleradamente globalizado. Todo es veloz y solo se puede filosofar sobre algo cuando ya es demasiado tarde para hacerlo.

—¿Cómo ves la relación entre la música que se muestra ahora y lo que vos hacés y no hacés, es decir, entre el rap, el trap y el freestyle?

—Yo creo que la diferencia actualmente está enmarcada en el lugar que ocupan estos géneros en el mercado de la música. El trap salió del ghetto y está tomando un rol mainstream. Hoy en día escuchás un tema de reggaetón y tiene muchísimas cosas de trap, escuchás pop y vas a escuchar un track de trap sonando abajo, se está volviendo el género mainstream. En contraposición a eso, el rap se está volviendo algo más de nicho, de culto, gente que lo estudia a full. A mí me gusta cuando esas barreras se rompen.

—Vos hablás de las batallas de gallo y ese mundo. ¿Cuál es la relación entre la plaza, las competencias, el ego, el narcisismo?

—Creo que el freestyle es un recurso creativo, sirve para hacer fluir más la creatividad. La competencia es un choque de egos, ver quién tiene la razón en ese momento. Si perdés una batalla, te enojás, y lo tenés que aceptar aunque no quieras. No es solo el rap, en la música hay mucho ego, uno pone mucho de sí para ver qué tan bueno es. El deber del artista está ahí, en saber mantener el ego a raya y no enojarse.

La idea de mantenerse auténtico no es única de un género, sino más bien una idea propia de la música o del arte en sí mismo. En algún momento de la historia, la auto-referencia apareció como una visión contestataria para salir del silencio. Ahora el Yo se exacerba y la autenticidad se convierte en una autorreferencialidad viciosa, es un ruido que libera pero también atrapa.

—En base a lo que venís diciendo del ego, te queremos hacer una pregunta. ¿Qué opinás del lugar de lo material en tus letras? ¿Es solo narrativo o tiene algo fundado en lo real?

—Creo que eso de cantarle a todo lo que no tengo es una metáfora de la ambición, de a dónde quiero llegar. Yo creo que tener una cadena enorme de oro, más que vestirse y verse bien, representa eso: poder pensar que con la música me voy a poder comprar algo que es totalmente al pedo. Es decir, yo no tenía nada y canté, canté, canté y ahora tengo lo que quiero. No me importa lo material por lo material, me importa lo material para decir que llegué. A veces pienso que si todas mis canciones hablan de a dónde sueño llegar y lo que quiero tener, el día que llegue y lo tenga supongo que voy a tener que cantar que ya lo conseguí.

—Siguiendo por el tema de las letras, queremos preguntarte un poco sobre la criminalidad como temática. Nos interesa ver cómo es la relación entre vivir en Rosario, una ciudad que en el último tiempo hubo muchos hechos criminales, y la idea de jugar con la filmografía de Brian Di Palma, es decir, la mafia, el contrabando. O dando otro ejemplo, estar en un video con un pasamontañas emulando ser un ladrón de bancos. Hay un cierto peligro cuando se leen estas letras desde la literalidad, a nosotros nos parece un recurso propio del género. ¿Vos qué opinás de eso?

—A la hora de hablar de la crudeza del mundo, y más en una ciudad como Rosario, yo creo que hay dos formas de verlo. Una es hablarlo desde tu realidad: yo si te hablo de armas es porque te estoy mintiendo, porque en mi puta vida agarré un fierro. Hay otros que sí la viven y van a cantar eso estando en su ley. Te doy un ejemplo, cuando NWA se hizo famoso los medios los catalogaron como gangsta rap y los locos a esa forma de rapear no le decían así, le decían reality rap porque ellos estaban cantando y contando lo que vivían en su barrio. Son cosas que se pueden malinterpretar, pero son las realidades que vive esa gente. Lo mío va por otro lado, a mí me encanta el cine, yo estudio cine, y también esas son mis referencias. Justo me nombraste a Di Palma, y está ese fetiche de encontrar lo crítico en la brutalidad del que la vive pero del lado de la afición. Si vos te ponés a ver las pelis de Scorsese, la mitad son de mafiosos y Scorsese no era un mafioso, pero encontró la espectacularidad en esa estética. Lo mismo cuando Tarantino hace una escena en la que Brad Pitt le rompe la cabeza a un hippie y vos pensás «este tipo está re loco». Para mí es un recurso más, un recurso estético, literario y metafórico.

—Nos gusta coincidir con eso. Está bárbaro lo que decís. ¿Algo para cerrar?

—Respecto a la última pregunta, yo también tengo otras canciones, como «Violencia Institucional». Vi un par de noticias de milicos cagando a palos a la gente y me descargué. Por eso la criminalidad para mí tiene muchas aristas y desde mi lado tiene que ver con una visión más estética. Pero por otro lado, también siento que a veces hay que cortar la metáfora y entender que, más allá de la estética, hay una situación en Rosario: los pibes se cagan a tiros por esto. Por eso hay que encontrar un punto entre medio entre esas dos situaciones, entre el storytelling, la metáfora y la música, y respetar que hay gente que vive eso. Pero esto no quita que no se puedan contar historias sin la necesidad de haberlas vivido, por eso, en el punto medio puedo hablar de violencia institucional y también decir que vacilo como Scarface.


«No te estoy pidiendo que seas Martin Luther King, / solo no me pegues por no tener DNI»

El límite está claro y la noche llega a su fin. La mafia no necesita DNI para caminar por la calle y ningún policía sueña con ser Martin Luther King. La ficción construye y deconstruye realidades, es el arma más peligrosa que maneja este pibe con sueños.

7 de mayo de 2021 – 22 horas

Como tantas otras veces, la chispa es encendida por la risa, cuando después de una larga enumeración de promesas no cumplidas —o nunca dichas, quién sabe—, la música vuelve a salir del parlante y Romero MC deja una sentencia flotando sobre su picardía: «Wacha no lo entiendo me dejás por un tarado, todavía no entiendo por qué ella / Me dejó por un trapero. ¿Me dejó por un trapero?».

romero

La hipótesis está servida y la anotamos sobre una servilleta: la ironía funciona en el trap como un desencuentro entre las creencias y los actos, entre los mitos y los ritos. Cantarle a la ironía es asumirse vencido por uno mismo, asumir la contradicción y usarla a favor de uno. Hay algo en la oscuridad, un lugar de cruce entre el sueño y la vigilia, que nos hace pensar menos y actuar más. Un conocido nos pasa el número de Milton Romero y nos mandamos.

—¿Considerás que usás la ironía para escribir? ¿Cómo es que a un trapero lo dejan por un trapero?

—Cuando digo «me dejó por un trapero» es una sátira, es la ironía de un trapero sacándole mano a un trapero. Es algo irónico, gracioso; cuando tengo que explicar esa letra me río mientras la explico.

Pasan sus canciones en aleatorio, y la servilleta sigue registrando todo lo que flota en el aire. El trap es una música que se basa más en el desorden que en la injusticia, el trap es la actitud estética del camp ante la vida, el sé como si, el humor frente a todo delirio de autenticidad, toda canción en este género degenerado tiene su titular de diario, la fucking nota.

«Yo no nací entre raperos y raperas, / crecí entre tumberos y discos de Los Palmeras».

—¿Cómo es ser un rapero y nacer entre tumberos y discos de Los Palmeras? ¿Cuál es la relación entre lo que vos hacés y tu barrio?

—No nacer entre raperos y raperas me hizo un bicho raro, pero eso me hizo no tenerle vergüenza ni miedo a nada, me dio carácter, me forjó. Ser rapero entre cumbieros me hizo más resistente a las críticas. Al mismo tiempo, yo quiero mostrar mi barrio para que los demás no sientan lástima. Los pibes sin plata también se pueden reír, pueden salir de joda. Los pibes se juntan a rapear, se toman una coca y se sienten más ricos que cualquiera.

Junto a la explosión del beat, esa ironía que pone en juego Romero cambia el panorama y amplía las posibilidades de interpretación. Alejándose de la figura más típica con la cual podríamos relacionarlo, nos obliga a involucrarnos con la escucha y atender a sus letras. Así, a lo largo de su EP Por un trapero (2020), uno puede sentirse identificado con el romance, tanto como reírse con la gracia de un punchline sin saber si lo que se dice es en serio o no. En la existencia de esa libre interpretación está el valor, quien alza la voz para hacer notar que la música urbana puede ser testimonial con la misma facilidad con la que se hace amiga de la ficción.

15 de mayo – 10 de la mañana

Sale el vino y entra el mate; se inicia, como tantas otras veces en este último año y medio, una videollamada. La escenografía ya no es una mesa nocturna con luz tenue sino un living atravesado por un tender y, a la distancia de una pantalla y el delay, una habitación desordenada. Algo en esa clave representa, casi de modo premonitorio, a Santiago Fasciolo, nuestro próximo avatar.

«Lejos como dos motherfukers, de lo que quieras sabés que tengo poco, / solo puedo verte en crocks, noches de jenga jugando los dos locos»

En el videoclip de Drama, del álbum Encaminado por el buen camino (2019), podemos observar una fiesta de colores que irrumpe en la escena de lo cotidiano. El trap tiene un mundo dirty chic que vive entre la no ficción y el realismo desprolijo, entre la crónica fracasada y la fealdad buscada, y no está basado en un juicio: es la música post-internet, hacer de todo un meme. Sin tanta mística, le escribimos a Fasciolo por Instagram, queremos ver si en su mundo hay algo de todo eso que pensamos y al mismo tiempo queremos ver qué es lo que se nos escapa.

—¿Qué relación hay entre tu habitación, tu compu, Internet y lo que hacés?

—Mi habitación y la música están unidas desde que empecé a tocar la guitarra a los once años, las paredes están todas pintadas con dibujos de Pink Floyd. Después cuando retomé, esta vez produciendo y componiendo, pasó a ser ese lugar donde todo es posible si está en mi cabeza. Para mí Internet es esencial para encontrar un camino como artista porque te permite experimentar sin límites las horas que quieras, cosa que se complica si tenés que ir a pagar la hora de estudio a cualquier lado. Hoy Internet es el pilar fundamental de todo artista independiente.

Cuando Fasciolo canta «Nudes», el videoclip arranca en un escenario plantado en la sala común de un geriátrico, la imagen es todo hasta que aparece el auto-tune, eso parece decir una imagen que fuerza el choque generacional, ni apocalípticos ni integrados, sino más bien apocalípticos integrados. Los símbolos propios del milenarismo, cantar sobre lo que nos ocurre, hacerlo de la manera más singular, explotar el bloc de notas del celu y hacer de cada momento un tema.

«Ella me manda nudes, mientras me cuenta de su día, y yo en mi ataúd / buscando melodías, usándome los días, estoy por rendirme, arráncame el reloj»

—Siguiendo en la línea estética, te queríamos preguntar, ¿qué es para vos el auto-tune? ¿Te definís como alguien que hace un indie trap con auto-tune?

—Siempre digo que el auto-tune democratizó la expresión artística. No me acuerdo dónde fue que lo leí, pero la frase decía algo como «los desafinados también tenemos historias que contar». No me gustan mucho las etiquetas, ni en lo musical ni en lo estético, así que nunca lo pensé, yo hago la música que me sale, me pongo la ropa que me gusta y ya.

—Hablando de tecnología y siguiendo con la línea estética, ¿dónde escribís? ¿Hay algo kitsch que se presume en tus canciones?

—Escribo en el celular, recomiendo una app que se llama Notion que es increíble. Generalmente, anoto frases o conceptos que se me vienen en momentos random y, si pertenecen al mismo universo, los voy agrupando en la misma nota. Lo otro no sé, lo bueno del arte es que no hay reglas, que cantes arriba de un patrón de hi-hats a un tempo determinado y con tal o cual estética no te obligan a mentir sobre tu vida o cantar cosas que no sientas, no me encasillo, por suerte, fue lo primero que entendí cuando empecé con esto de la música.

Cada vez que quisimos encasillar a Fasciolo, nos respondió simple y llanamente con la idea de que prefería no hacerlo. Esa realidad se comió nuestras preguntas y una idea quedó en el apartado de lo no dicho: reivindicar el deseo por el deseo en sí mismo es sinónimo de improvisar.

Entre transgredir y trascender está el trap o como quieran llamarlo. Un género que se actualiza e improvisa todo el tiempo. La innovación musical ha generado históricamente admiración y cierto sentimiento de comunidad entre las generaciones más jóvenes, y estupor entre las generaciones más viejas, acostumbrados a patrones y maneras de hacer más normativas. Ahí creemos que está la cicatriz de la cuestión. El contexto es otro y hay una herida que late.

Hay algo en común en esta historia: la idea de habitar la plasticidad y la potencia en la máscara, en esa burla al determinismo habita la elaboración de estos artistas. No sabemos qué es el trap, pero sabemos que esta crónica no es sobre eso. Hay un periodismo que se encarga de trazar identidades plenas cuando todo lo que acontece es una fluidez que no se puede encasillar y no vamos a transar ahí. David Foster Wallace murió hace mil y nos dejó un legado: basta de viejos con corbatas escribiendo sobre guachos con capuchas.

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Andres Mainardi y Blas Sole
Andrés Mainardi nació en Rosario en 1996. Es estudiante avanzado de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario. Escribe ensayos y crónicas sobre política, cultura y música en diversos medios locales y de CABA (El Corán y el Termotanque, Revista REA, Revista Panamá). Además, produce el podcast «el laboratorio del éxito» (Ig: @laboratoriohitcast). ------- Blas Solé es rosarino. Nació en 1997 y actualmente estudia Ingeniería Industrial. Es aficionado a la escritura de cuentos y relatos. Tiene su propio blogspot en Médium donde pública sus escritos.
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