Créditos

Todo fuego entraña sus textos

La quema es un hecho social. Nace del encuentro entre el arrojo y la proyección: de la intención de leer lo que está antes y después de las llamas. Porque no todos los fuegos son el fuego. La quema es el conjunto de las inscripciones que deben leerse entre las llamas y por fuera de ellas. Todo fuego entraña una serie de escrituras, es antecedido por un cálculo o un largo malestar que coinciden en querer borrar parte de lo que existe.

La quema es un hecho social, porque puede provenir «de abajo» o «de arriba» de la trama social. Refulge en medio de baldíos y en palabras que no alcanzan a descongelarse. Lo que puede ser instrumento de dominación, puede ser, bajo otras tramas, elemento de reunión o de liberación colectiva. Hay fuegos que destapan y fuegos que ocultan y sepultan. Por eso queremos pensar la quema en forma contraintuitiva, porque contra lo que nos repiten (por izquierda y por derecha), no hay fuegos espontáneos.

Aunque no siempre se vean, hay tramas, conspiración, pueblo movilizado en forma evidente —pero imperceptible con ciertos prismas de lectura—, como también estrategias de las estructuras dominantes para incendiar memorias populares y elementos naturales. «La ley surge de las ciudades incendiadas», escribió alguien para dar cuenta de que el poder, como control, pero sobre todo como acción, está siempre detrás de los hechos sociales que instituyen otra cosa más que la que hay.

En este sentido, queremos pensar más acá y más allá de los fuegos: pensar aquello que está después de las ciudades arrasadas, de los pueblos que se quieren olvidados, de las villas que sobreviven pese a que se las quiere colapsadas. Porque después de la quema tocará, pese a todo, reinventar la trama común. Como rito, como hoguera, como conjuro o como protesta, (aunque también) como forma de arrasar los fragmentos que supimos auscultar. La quema es un hecho social de puro presente, y por eso, paradójicamente, se torna objeto privilegiado para develar aquello que estaba siendo, sin estar.

La quema es un espectro, una acción latente, un impulso y un efecto de organización. No hay fuego sin grupos, sin colectivos, sin imágenes proyectadas en su esencia hipnótica. No hay quema sin saberes que la constituyan. La quema da sombras y produce cenizas, es decir, produce espectros, y hasta puede ser azuzada o desarticulada por el viento. Pero algo, por más pequeño que sea, siempre deja. Si la luz y el fuego siempre han sido las metáforas por excelencia del conocimiento, venimos a proponer otro saber de lo social, para los tiempos que transitamos, porque necesitamos un saber de los hechos sociales que nos devuelva algo más que los espectros de la caverna. Para ello, bienvenidos a Quema.

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