Contala como quieras

Narrativas transmedia desde contextos inesperados

Entre 2018 y 2019, unos treinta internos de la Unidad Penitenciaria N.° 3 de Rosario participaron activamente en el Taller de Narrativas Creativas de la Facultad Libre. Tras un año interrumpido por la pandemia, el espacio retoma impulso y presenta la primera trilogía transmedia de Argentina creada en contextos de encierro: un cómic, una serie sonora y un especial interactivo dan forma a un universo ficcional creado e interpretado por los mismos participantes del taller. Una propuesta transmedia/interactiva que ya se encuentra en línea.

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Durante los últimos tres años, en la Unidad Penitenciaria N.° 3 de Rosario, se llevó a cabo la producción de la primera experiencia narrativa transmedia de la historia realizada íntegramente por treinta jóvenes que se encuentran detenidos. En el marco del Taller de Narrativas Creativas de la Facultad Libre este grupo ideó, escribió e interpretó tres historias interrelacionadas. En ellas, cuentan una ciudad imaginada desde sus trayectorias y sus fantasías, pero a la vez dejan entrever una representación inédita que interpela los acontecimientos de la última década rosarina. La producción puede verse en www.contalacomoquieras.com

La trilogía Contala Como Quieras narra esa Rosario silenciada o dicha a medias, esa que se intenta relatar desde los formatos tradicionales de la crónica policial o mediante explicaciones exageradamente sesudas, esa que se encorseta en expedientes judiciales o se balbucea al ritmo mecánico de los informes televisivos o la monserga radial. Pero nunca con las voces de quienes tienen el cuerpo puesto en ese entramado convulsivo de territorios saturados por el interés, la pasión, la bronca y los sueños, y mucho menos, recogiendo esos registros por fuera de los contornos delimitados por lo testimonial.

En encuentros semanales, dos grupos soportaron el frío y la humedad del «salón cultural», un galpón inmenso en la centenaria Unidad 3, con olor a orín de gato y ventanas enrejadas, pero abiertas para hacerle un hueco a los lugares comunes.

Esa Rosario impensada, sin permisos, sancionada y amoldada a las necesidades de un habla siempre ajena, fue surgiendo y tomando múltiples formas. Entre mates dulces y bizcochos Don Satur, exploraron —en actividades que nunca antes habían realizado— cómo crear un personaje, escribir un guión, pensaron de qué manera caracterizarlo, cómo montar las escenas, ponerles la voz y el cuerpo. En fin, un modo de exceder las restricciones impuestas: las del espacio físico, la fría cercanía de los muros, y las que recaen sobre las mentes y el alma, para ver más allá, pensar en otras cosas, ser capaces de crear un mundo. No uno mejor que en el que vivieron, pero al menos, con mayor autoridad para definir sus acciones, menos hostil y agresivo. Un mundo que no tenga la fatalidad de la cárcel, la restricción, el imperativo de la conducta y la deuda por pagar, como designios vitales. Ellos fueron los creadores, sin los habituales condicionamientos que pesan sobre sus capacidades, disminuyen sus potencialidades y juegan con sus voluntades como si se tratara de un arreglo cosmético de la realidad.

Trescientos Sesenta: el círculo de la traición, Tierra, ambición y venganza y Boleto al infierno son historias que se sirven de nombres, acciones y referencias de la vida real y de los escasos consumos culturales al que los presos tienen acceso. Hacer con lo que les dejan: es un doble encierro el que incide sobre las sensibilidades. Una segunda exclusión que los deja afuera de ese otro mundo que experimentan aquellos que no están «en conflicto con la ley». Imaginar es, entonces, sortear esa otra pena. 

Con esos restos, se produce la obra: se construyen universos narrativos en los que el crimen y el delito tienen un lugar inesperadamente relativo. Están presentes, porque no pueden no estarlo, pero forman parte como un vehículo para llegar al pequeño detalle que necesita ser contado, el requiebre último de salvación, la cuota de esperanza que surge entre las ruinas y la decadencia, o el exceso de fantasía que llega para romper todo determinismo. Si van a contar, ellos pueden ser boxeadores rusos, grandes empresarios madereros, secretarios de ministros, fiscales de la Nación, pequeños afortunados que se topan de golpe con el gran negocio, un incógnito venezolano que oculta una identidad poderosa o un simple carnicero envuelto en una trama que doblega su posibilidad de respuesta.

Cada una de esas historias fue contada en un formato diferente. La elección del modo en que sería contada también corrió por parte de los autores. Ellos decidieron que Trescientos Sesenta fuera una novela gráfica, o «cómic criollo», en el que ellos mismos encarnan los personajes; que Tierra, ambición y venganza fuera una serie sonora en la que pusieron su voz; y que Boleto al infierno se construyera como un interactivo Web en el que se combinan recursos y ellos pudieran desenvolver sus dotes actorales. Una pandemia mundial frustró el rodaje final de esta última, sin embargo, quedaron las escenas donde se fueron creando los personajes y poniéndolos a prueba en diferentes acciones que le daban cuerpo al relato.

En las historias narradas en Contala Como Quieras, los internos son autores, creadores de un universo de ficción que habla de Rosario, pero no es Rosario, que interpreta y reelabora el conjunto de episodios comunes que atravesaron sus vidas, pero se sirve de una inmensa paleta de atributos ficticios para romper los esquematismos que también se apoderan de las imágenes. Desde el encierro, la experiencia de libertad se traduce en poder ser dueños del relato de los hechos. Algo que no suele ocurrir sino más bien al contrario: se trata de cuerpos enmudecidos, brutalizados, acompañados hasta la prisión como un destino de mansedumbre o una resolución final para sus ímpetus incontenibles, porque «no hay nada más que hacer con ellos». Entonces, cuando no queda nada por «hacer», es cuando aparece la narración. Contar, para salir un rato.

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