En busca de mi cuento perdido

Busco a mi cuento perdido

Por Andrés Mainardi

Marzo de 1977. En el barrio San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires, Rodolfo Walsh es herido de muerte, secuestrado y desaparecido. Su cuento «Juan se iba por el río» muere con él: sólo sobrevivió el comienzo del texto. En ese mismo año, una la patota de Feced destruye más de 5000 ejemplares del libro de Aldo Oliva «El Fusilamiento de Penina», junto a más de 80 mil títulos. ¿Cómo se cuenta una historia arrancada? ¿Dónde retumban los gritos enmudecidos? Andrés Mainardi revisó los archivos y trazó una línea histórica entre los textos muertos entre fuego y guillotina, que décadas más tarde reaparecen para llenar de renglones las páginas que habían quedado en blanco.

Busco a mi perro perdido
se escapó con los ruidos
de esta oscura fiesta infernal.

El mató a un policía motorizado

I

La nostalgia es el tema central del ensayo de Svetlana Boym, escritora rusa experta en lengua y literatura eslava, profesora de Harvard fallecida en 2015, a los 56 años. En El futuro de la nostalgia, ella plantea una diferencia sobre esta noción en dos vertientes. Por un lado, propone la idea de una nostalgia restauradora, característica de los nacionalismos que formulan teorías conspirativas y fabrican mitos históricos a medida. Por otro, la idea de la nostalgia reflexiva, arma y dispositivo de creación de los inmigrantes, de los perseguidos, de esa consciencia de la imposibilidad de reconstruir el pasado.

Si la primera se expresa mediante la fiel rehabilitación de los monumentos antiguos y la institucionalización de la memoria, la segunda «se recrea en las ruinas, en la pátina del tiempo y en la historia, y sueña con otros lugares y épocas». Este texto buscará poner en relieve una sobre la otra, teniendo en cuenta que ambas conviven y luchan en un presente perpetuo.

II

En 1930, el militante anarquista Joaquín Penina era asesinado a la vera del río Saladillo por la dictadura de Uriburu. La causa, dice el relato oral, es la persecución ideológica, consecuencia de su afiliación anárquica y su accionar propagandístico catalogado como extremista. Joaquín Penina, inmigrante de origen catalán, es conocido como el primer desaparecido oficial por una dictadura en nuestro país.

En 1933, se crea la Asociación Vecinal del barrio Tablada y Villa Manuelita, en la zona sur de Rosario, al calor de las corrientes extranjeras y los movimientos asociacionistas italianos. Veinte años después, un grupo de jóvenes se suma al espacio barrial y conforma una Subcomisión de Biblioteca. Encontrados los recursos financieros, en 1959 el grupo se independiza y constituye la Asociación civil Biblioteca Constancio C. Vigil.

En 1977, asesinan al militante peronista Rodolfo Walsh en el centro porteño de la ciudad de Buenos Aires, en San Juan entre Sarandí y Entre Ríos. A su lado, había un maletín con cinco copias de la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar y otras pertenencias. La causa, dice el relato histórico, es la persecución ideológica por su afiliación montonera y su accionar periodístico en contra del Proceso de Reorganización Nacional. Rodolfo Walsh fue asesinado por un grupo de tareas militares y su cuerpo, hasta el día de hoy, permanece desaparecido.

Estos tres saltos en el tiempo y el espacio son sucesos que conforman, mediante la persecución de un hilo de Ariadna, una arbitraria concatenación de sucesos. Una nueva historia que sueña con otros lugares y otras épocas.

III

En 1977, la patota de Feced destruye más cinco mil ejemplares del libro de Aldo Oliva, El Fusilamiento de Penina, que se encontraban guardados en los depósitos de la editorial de la Biblioteca Vigil ubicada en la esquina de Gaboto y Alem.

Ese mismo año, Rodolfo Walsh terminó de escribir su último cuento: Juan se iba por el río. En él narraba la vida de un soldado de las luchas civiles del siglo XIX en el Río de la Plata. Nunca llegó a publicarlo. El original desapareció en el centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada.

El ensayo de Oliva permaneció ausente por casi treinta años, hasta que en el 2003 lo vuelven a encontrar. Con la tapa arrancada, fue preservado y oculto en una caja en la casa de Cacho Rodríguez, miembro de la comisión directiva de La Vigil a la hora de la intervención. Además de esos cinco mil ejemplares, en ese mismo 25 de febrero de 1977, los militares quemaron y guillotinaron más de ochenta mil libros.

El cuento de Walsh fue recuperado oralmente por su compañera, Lilia Ferreyra, quien cuenta haber pasado a máquina el primer manuscrito. Martín Gras también comenta que leyó el cuento durante su cautiverio en el centro clandestino de la ESMA. Lilia y Martín se conocieron en el año 1982 en Madrid, ahí supieron que los dos habían leído ese mismo cuento y comenzaron el camino para reconstruirlo con sus recuerdos.

En los infinitos traslados de esos años, desde los 70, pasando por el 82 hasta llegar al 2003, se reportan nuevos y viejos acontecimientos que enfrentan la misma pregunta: ¿Qué se hace con esas historias?

IV

En marzo de 2007, Antonio, el hijo de Aldo Oliva, toma la tarea de viajar a España. Los destinos son Barcelona y Gironella, el último, pueblo donde vivió Joaquín Penina hasta su partida a la Argentina, para presentar una nueva edición del libro hecha por la Plataforma Argentina contra la Impunidad. Por su parte, Diego Fidalgo filma un documental de esta historia llamado Hombres de ideas avanzadas, presentado en 2011. En 2015, la Editorial Biblioteca de La Vigil decide recopilar estas historias y publicar una nueva edición del libro.

En agosto de 2020, el colectivo la Muchedumbre arma un taller para recuperar el cuento desaparecido de Rodolfo Walsh. Luego de meses de trabajo —exactamente doce—, en agosto de 2021, se publica el libro El común oficio de escribir, también de la Editorial Biblioteca de La Vigil. Este fue, por primera vez, impreso en El Molinillo, imprenta de esta misma institución.

Dicen quienes conocen el arte de la guerra que, cuando uno va perdiendo en el campo de batalla, la única posibilidad para lograr una salvación es extenuar a los perseguidores en retirada y perderse en la estepa. De ahí la frase, «soldado que huye sirve para otra batalla» (algunas malas lenguas dicen que esto es romantizar la cobardía).

Comentan quienes conocen el juego la escondida que, para ganar hay que hacer la pica primero, es decir, tocar la pared primero que el vigilante, pero también existe una regla de excepción: si el último canta «pica salva todos», quien persigue y vigila tiene que volver a contar nuevamente, aunque haya cachado a varios participantes.

Son estos nuevos objetos y sus realizadores quienes vuelven a entrar en la estepa social para extenuar la persecución. Son también aquella mano que toca la pared y canta ese coro anhelado para que el juego vuelva a darle una chance a quienes perdieron. Un soplo vital, un gesto que levanta las cartas de la mesa, vuelve a barajar y dar de nuevo: una nueva chance para encontrar otros refugios.

Estos relatos silvestres aparecen como laberintos que confunden al enemigo, no sólo al ajeno, también al que uno lleva dentro. Es así como El común oficio de escribir abre una puerta al cerrar sus páginas: «… ciertos vínculos amorosos y una acción que conduce hacia altamar los destinos de un cuento creado para seguir reapareciendo una y mil veces. Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina y su mujer teresa, dicen que decía, y seguimos».

V

En su libro Profanaciones, el filósofo italiano Giorgio Agamben termina diciendo: «La profanación de lo improfanable es el deber político de la próxima generación».

Tanto El fusilamiento de Penina como El común oficio de escribir comparten ese deber. El deber de la invención. Un hacer que sale del estado de melancolía y propone crear. En el apartado final, Entre un sauce y un olivo, el texto del colectivo La Muchedumbre concluye: «… discutir el tiempo y esa concepción empobrecedora que nos hace elegir entre pasado, presente y futuro».

Walsh escuchó «Hay un fusilado que vive» y comenzó la investigación sobre los fusilamientos de José León Suárez que dieron origen al libro Operación Masacre. Aldo Oliva recuperó un hábeas corpus presentado el 26 de septiembre de 1930 que decía: «El anarquista Joaquín Penina fue detenido el día 9 del corriente a las 7 horas, en averiguación de antecedentes. Fue puesto en libertad el 10, a las 22 horas. Actualmente se ignora su paradero» y escribió El fusilamiento de Penina.

Y de allí, el movimiento: Lilia y Martín, recuperando el comienzo del cuento Juan se iba por el río; Chacho Rodríguez, encontrando el libro desaparecido de Oliva; Antonio, viajando a Barcelona a presentarlo; Diego Fidalgo, realizando un documental; La Vigil, publicando un nuevo ejemplar con nuevas historias; el colectivo La Muchedumbre, leyendo este ciclo de la historia y concatenando su potencial creativo para abrir nuevas puertas.

VI

Spinoza escribió en su Ética: «No sabemos ni siquiera lo que puede un cuerpo», y así, tampoco sabremos lo que puede un libro desaparecido y vuelto a encontrar, un documental sobre ese libro, una reedición, ni tampoco lo que puede un cuento desaparecido, dos sobrevivientes de la dictadura que se encuentran del otro lado del océano y recuerdan su comienzo, y así, una hendija en la memoria que abre la posibilidad para que un colectivo de escritores y escritoras arme un taller y escriba un nuevo relato sobre este comienzo.

Pero es imposible olvidar la fecha de 1933, ese acto originario en que aparece La Vigil, esa institución, ese monstruo que crece en la calle Alem al 3078, ese edificio gigante en medio de Barrio Tablada, que si Svetlana Boym estuviese viva —ojalá así lo fuese— creo que no podría encajar esa estructura de rasgos de constructivismo ruso con quienes la transcurren con su cuerpo, retomando todo lo que esos pasillos tienen de vivo para seguir creando.

Más allá de la arquitectura, inmensa, imponente, este espacio invita a dar el empujón originario para romper las paredes claustrofóbicas que las dictaduras crearon. La Vigil es una institución donde la historia siempre aparece como una posibilidad para usarla en búsqueda de una nueva forma de memoria. Sólo una escritura viva puede reaparecer objetos perdidos. La Vigil no es tan sólo una Biblioteca o una imprenta, sino aquel que viene corriendo y vuelve a tocar la pared cantando «pica salva todos». Y cuando todo parece perdido, va de nuevo, y nos salva, al menos, por un rato.

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Andrés Mainardi
Andrés Mainardi nació en Rosario en 1996. Es estudiante avanzado de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario. Escribe ensayos y crónicas sobre política, cultura y música en diversos medios locales y de CABA (El Corán y el Termotanque, Revista REA, Revista Panamá). Además, produce el podcast «el laboratorio del éxito» (Ig: @laboratoriohitcast).
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